jueves, 5 de junio de 2008

La creación (literaria)

Murmullo general. Gente pintoresca, por así decirlo, amontonamiento de traumados, bebedores compulsivos y fumadores de todo tipo de yuyos; también suicidas románticos, cenicientas después de las doce e intelectuales raramente simpáticos. Todos vienen al encuentro y osan discutirme su protagonismo, se quejan para no terminar siendo el mejor amigo del que salva el día.
¿Sabés cómo me siento? Poderoso, creador, la envidia del que tardó seis días en construir algo semi decente. Quiero ser un benefactor, o no… mejor un dictador, terrible, con las masas gritando por mi gloria, me dedicaré a arar aquello que no sea productivo, no para el resto, sino para mí.
Y si nacés, ¿qué pasa si te mato? A nadie le gustaría eso, ni tampoco que el villano no recibiera lo que merece, ni un lecho de muerte esclarecedor sobre el significado de la vida y mucho menos esa mierda de “murió en su ley”. Dios le dio a cada uno una misión en la vida, la mía fue ser su principal competencia.
Ahora silencio. Apaguen sus cigarrillos de una vez y esas voces sombrías que hablan tan liviano sobre crímenes sexuales como de la canción más tarareada del momento. Rápido, por favor. Silencio señores, no les di la vida para que pudieran vivirla, así que su silencio sería de gran valor. ¿Quieren que los haga felices? A ninguno le gustaría eso, pero a mí tampoco me fascina que me molesten cuando escribo.

Por Iván Basso

1 comentario:

Lucas dijo...

Muy bueno el texto del señor Iván Basso. Me gusta su complejidad y la creatividad para describir la situación. Me Gustaría seguir leyendo mas artículos. Saludos Cordiales. Lucas